Paisajes de montaña y forestales

Alzira. La Murta – La Casella

Un paisaje natural e histórico

Al este de Alzira, en la comarca de la Ribera Alta, se encuentran los frondosos valles de la Murta y la Casella, en plena sierra de Corbera. Una sierra, según nuestro escritor Teodoro Llorente, de “cresta escarpada y peñascosa, de tonos grisáceos, y cubren sus faldas pinares de aterciopelado verdor. Al pie del pico más alto, se abre un valle muy hondo, y en él brota una fuente de caudal copioso y perenne, aun en las mayores sequías. Aquellos son la fuente y el valle de La Murta” (Llorente, 1889: 636). Sus 765 hectáreas albergan un Parque Natural Municipal y las ruinas de un monasterio del siglo XV declarado Bien de Interés Cultural (BIC) en 1995.

 

Paraje Natural Municipal de La Murta-La Casella

Los valles de La Murta y La Casella están integrados en la red de Espacios de Interés Natural de la Unión Europea. Sus suaves temperaturas y la alta humedad han creado un ecosistema característico que ha llamado la atención de varios estudiosos durante siglos, entre los que destaca el médico y botánico valenciano Honorat Pomar. Cuando este accedió a la cátedra de Hierbas y otros medicamentos simples de la Universitat de València insistió en una orientación práctica de la enseñanza. Así, desde el siglo XVI, la cátedra de Herbes de la Universitat de València programaba excursiones durante los meses de primavera y verano para que los estudiantes recolectaran plantas y hierbas con el objetivo de estudiar sus propiedades en las aulas. Una de las zonas que más visitaban era el valle de la Murta. Así lo recoge el historiador valenciano Escolano en el libro IX de Décadas de la historia de valencia:

“es el valle aparejadísimo para olvido del mundo y acuerdo del cielo, porque le puso Naturaleza entre unos montes altos, vestidos de verde todo el año y coronados de pinos, romeros y arrayanes ó mirtos… Derramó el cielo en estos montes y valles casi toda la botica de yerbas y plantas medicinales; y así, los grandes médicos valencianos de nuestra Universidad los visitan á ciertos tiempos, cuando salen á montería del conocimiento de los simples medicamentos, y vienen á hallarlos en este valle; porque es un sumario de cuantas yerbas andan repartidas por todo el mundo… Refieren los religiosos, que aportando por allí un moro gran filósofo, arrebatado en admiración de la hermosura del sitio, dijo: que si Dios no tenía en los cielos su silla, la tenía sin duda en aquel valle”.

También Cavanilles visitó el valle de la Murta y así describió su flora en 1797:
“Ahora la desidia de los que viven en las cercanías del monte, y mucho mas la aspereza de la superficie favorece sobremanera la vegetación de gran número de plantas espontáneas. En las inmediaciones de lo inculto ántes de llegar al Monasterio llamado de la Murta se hallan la hiniesta de España, conocida vulgarmente con el nombre de cascaula, la tulipa silvestre, el iris sisirinquio, el tomillo piperella, la violeta cenisia, las flómides licnitis, purpúrea y la especia nueva descrita en mis obras con el nombre de crinita, la cebolla albarrana, el coris, los linos sufruticosos, de Mompeller, y otros. En las quebradas crecen el durillo, el díctamo real ó fresnillo, la madreselva, los ramnos alaterno y licioides, el arísaro ó bien dragontea menor de Laguna, la palomilla de nueve hojas, la estática nueva que llamé aliácea, el ranúnculo con hojas de grana, coronillas, cardos, dafnes, xaras, lentiscos, fresnos, y una multitud que sería largo referir.”

Destaca en la zona occidental la presencia dominante del pino carrasco y de varias especies de arbustos entre los que encontramos numerosos brezos, lentiscos y coscojas. En la cabecera del barranco de la Murta se encuentra uno de los bosques de fresnos más importantes de nuestro territorio. En esta zona crecen también palmeras enanas y madroños. En la zona de solana del valle está la garriga, zona cubierta de matorrales y arbustos que serían la envidia de cualquier herbolario. También es destacable el Pla de les Carrasques, nombre que recibe por sus verdes y densas carrascas.

El valle de La Murta-La Casella es un lugar ideal para los amantes del senderismo y por esa razón la concejalía de Patrimomio Histórico-artístico de Alzira tiene preparadas rutas con toda la información necesaria: itinerarios, fotografías y mapas, consejos y peculiaridades del terreno. En la Murta destacan unas cuantas rutas de variada dificultad. La más sencilla va desde las balsas que almacenaban el agua del Monasterio de la Murta, siguiendo el curso de un acueducto, hasta el manantial del que nace. Otras rutas más difíciles suben a la Cruz del Cardenal o al Cavall Bernat. Desde sus alturas se pueden disfrutar unas vistas del valle envidiables. En La Casella podemos subir a l’Ouet o la Ratlla para disfrutar del espectacular paisaje o caminar por la ruta de las fuentes o por el Pla del Barber.

En estos paseos y excursiones tendremos la posibilidad de cruzarnos con representantes típicos de la fauna ibérica. Si somos afortunados observaremos aves como el águila perdiguera, el búho real o el halcón peregrino, así como liebres, conejos, jabalíes, zorros, gatos monteses y jinetas. También reptiles y anfibios: serpiente de escalera, culebras, sapos y ranas. Además hay en La Casella un cercado de 1.500 m2 de ciervos que pueden ser fácilmente observados por el visitante.

 

El Monasterio de Santa María de la Murta

Después de la conquista cristiana el entonces llamado Valle de los Milagros se llenó de ermitaños. A este respecto Cavanilles escribió que “la soledad y aspereza de aquel sitio llamó la atención de ciertos hombres que en el siglo 14 vivían con el trabajo de sus manos retirados de la sociedad, cada uno en su cueva o choza”. Actualmente todavía sabemos los nombres de estas “chozas”, pequeñas ermitas: Nuestra Señora, San Miguel, San Jerónimo, San Benito, San Onofre, Monte Calvario, Santa Sofía, San Juan, San Pedro, San Salvador y Santa María.

Un estupendo relato sobre la fundación del monasterio nos lo da Martí de Viciana, cronista e historiador valenciano del siglo XVI. En su Libro tercero de la inclita y coronada ciudad de Valencia en 1566, hace un retrato de la nobleza española y europea y de las órdenes militares, habla del patrimonio real y describe los monasterios del reino de Valencia, incluido el que nos atañe:

“Ay en el termino de Algezira un monasterio de nuestra señora la madre de Dios con convento de frailes de la orden de sant Hieronymo: esta yglesia es nombrada a nuestra señora de la Murta, la fundacion de la qual casa fue desta manera: que a XXIII de henero año CCCLVII un devoto hombre llamado Arnaldo Serra era señor de la valle nombrada de Miralles, con las vertientes de montaña a montaña, donde se encerrava una fuente y ciertas tierras de labor. El qual, con licencia del rey don Pedro, dio todo el derecho y señorio que tenia en la dicha valle a fray Pedro barreda hermitaño y otros hermitaños que estavan en su compañia en ciertos hermitorios que havia fundados en la misma valle, segun paresce con carta rescebida por Guillem Ponç notario. y a veynte de Mayo año de CCCLXXVI fue començada la fabrica de la yglesia. y despues el obispo de Valencia como Comissario de papa Gregorio XI otorgo gracia a los dichos hermitaños que pudieren vestirse del habito de sant Hieronymo.”

En 1357 el noble alcireño Arnau Serra, señor del lugar, hizo entrega del Valle de Miralles al grupo de ermitaños que allí habitaban, anteriormente caballeros del rey de Castilla que se retiraron a la vida solitaria tras el asesinato de su monarca. Estos crearon una especie de agrupación monástica, una laura, consistente en compartir bienes y víveres necesarios y realizar celebraciones espirituales esporádicamente. El resto del tiempo continuaban con sus vidas eremitas. En 1376 el papa Gregorio XI concedió la bula que permitió la fundación de un monasterio de la orden de San Jerónimo. A comienzos del siglo XV comenzó la vida monacal propiamente dicha, con la ocupación del monasterio por parte de sus seis miembros fundadores: Arnau Cortal, Guillem Berenguer, Pere Pintor, Pere de Campos, Eusebi Pavia y Domènec Lloret. Cuenta la leyenda que durante las obras de construcción encontraron una imagen de la Virgen oculta entre unos arbustos de murta, y en su honor nombraron el monasterio.

Durante toda su historia el monasterio contó con grandes y nobles familias que sufragaran los gastos de construcción y mantenimiento, siempre a cambio de que se les permitiera ser enterradas en él, asegurándose así una entrada más rápida al cielo. En esta serie de mecenas destaca la familia Vich, cuyas grandes contribuciones hicieron que el resto de posibles donantes fuera retirando sus ayudas, con el resultado de que el monasterio acabó siendo feudo únicamente de esta familia. Destacan dos miembros de este linaje cuyas figuras quedaron unidas al monasterio. Juan Vich, nacido en 1530 en el monasterio cuando sus padres se instalaron en su hospedería huyendo de una epidemia de peste. Este ilustre miembro de la familia Vich, arzobispo de Tarragona, donó al monasterio una gran cantidad de piezas litúrgicas y la totalidad de su biblioteca un año antes de su muerte. Sin embargo fue su sobrino, Diego Vich, su más generoso protector. Este dedicó su vida al estudio y a las letras y el arte, y ya anciano se retiró al convento en el que había invertido gran parte de su caudal. Dispuso que el monasterio fuera su único heredero, por lo que cuando falleció todas sus obras de arte, su biblioteca y su fortuna pasaron a formar parte del patrimonio del cenobio.

Durante el siglo XVIII las donaciones fueron disminuyendo y en el siglo XIX la desamortización de 1835 exclaustró el monasterio e hizo que los monjes que todavía lo habitaban abandonaran el valle. La Junta de Amortización de Alzira incautó sus bienes y la construcción y sus tierras fueron subastadas en 1838 por 126.000 reales que pasaron a formar parte del erario público. El comprador utilizó los materiales del monasterio para la construcción de varios edificios, dejándolo en ruinas. Sólo se salvaron la hospedería, la Torre de las Palomas, la ermita de Santa Marta y la iglesia. Los objetos incautados se repartieron por las iglesias de la ciudad, mientras que sus obras de arte pasaron a formar parte de los fondos de varios museos del país. La imagen de Nuestra Señora de la Murta, cuyo descubrimiento dio nombre al valle, fue trasladada para su culto a la iglesia parroquial de Santa Catalina de Alzira, donde fue destruida en 1936. (Lairón y Montagud 2006)

Actualmente del conjunto monacal sólo quedan unas ruinas que no hacen justicia a la grandeza e importancia que tuvo el monasterio del Valle de la Murta. Se mantienen en pie algunos muros y arcos interiores de la iglesia, una pila bautismal del siglo XIII, la planta del claustro, la sacristía, las balsas y la construcción que más llama la atención y la que mejor se ha conservado, la Torre de las Palomas, levantada junto a la iglesia en 1547. En su entorno encontramos una casona ajardinada del siglo XIX, una almazara, un nevero, una ermita rupestre y un acueducto que hacía llegar el agua del manantial a los aljibes y balsas del monasterio para su consumo y regadío.

A pesar de que sólo queden unas ruinas la visita al valle de la Murta y a su monasterio es obligada, ya que como escribió Llorente, “lo que no ha desaparecido es la hermosura agreste de estos lugares. Los pintores valencianos los conocen bien: los montes de la Murta son un tema casi obligado de nuestros paisajistas. Las derrocadas piedras del monasterio suelen servir de asiento del artista que, pincel en mano, traslada al lienzo encantos de la naturaleza, á los que dan aquellos restos un tinte romántico”. (Llorente, 1889: 640)

 

Carme Piqueras Sanchis
Emilio Iranzo García
Departament de Geografia,
Universitat de València

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Fotos

Al este de Alzira, en la comarca de la Ribera Alta, se encuentran los frondosos valles de la Murta y la Casella, en plena sierra de Corbera. Una sierra, según nuestro escritor Teodoro Llorente, de “cresta escarpada y peñascosa, de tonos grisáceos, y cubren sus faldas pinares de aterciopelado verdor. Al pie del pico más […]Al este de Alzira, en la comarca de la Ribera Alta, se encuentran los frondosos valles de la Murta y la Casella, en plena sierra de Corbera. Una sierra, según nuestro escritor Teodoro Llorente, de “cresta escarpada y peñascosa, de tonos grisáceos, y cubren sus faldas pinares de aterciopelado verdor. Al pie del pico más […]Al este de Alzira, en la comarca de la Ribera Alta, se encuentran los frondosos valles de la Murta y la Casella, en plena sierra de Corbera. Una sierra, según nuestro escritor Teodoro Llorente, de “cresta escarpada y peñascosa, de tonos grisáceos, y cubren sus faldas pinares de aterciopelado verdor. Al pie del pico más […]Al este de Alzira, en la comarca de la Ribera Alta, se encuentran los frondosos valles de la Murta y la Casella, en plena sierra de Corbera. Una sierra, según nuestro escritor Teodoro Llorente, de “cresta escarpada y peñascosa, de tonos grisáceos, y cubren sus faldas pinares de aterciopelado verdor. Al pie del pico más […]Al este de Alzira, en la comarca de la Ribera Alta, se encuentran los frondosos valles de la Murta y la Casella, en plena sierra de Corbera. Una sierra, según nuestro escritor Teodoro Llorente, de “cresta escarpada y peñascosa, de tonos grisáceos, y cubren sus faldas pinares de aterciopelado verdor. Al pie del pico más […]Al este de Alzira, en la comarca de la Ribera Alta, se encuentran los frondosos valles de la Murta y la Casella, en plena sierra de Corbera. Una sierra, según nuestro escritor Teodoro Llorente, de “cresta escarpada y peñascosa, de tonos grisáceos, y cubren sus faldas pinares de aterciopelado verdor. Al pie del pico más […]Al este de Alzira, en la comarca de la Ribera Alta, se encuentran los frondosos valles de la Murta y la Casella, en plena sierra de Corbera. Una sierra, según nuestro escritor Teodoro Llorente, de “cresta escarpada y peñascosa, de tonos grisáceos, y cubren sus faldas pinares de aterciopelado verdor. Al pie del pico más […]

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Al este de Alzira, en la comarca de la Ribera Alta, se encuentran los frondosos valles de la Murta y la Casella, en plena sierra de Corbera. Una sierra, según nuestro escritor Teodoro Llorente, de “cresta escarpada y peñascosa, de tonos grisáceos, y cubren sus faldas pinares de aterciopelado verdor. Al pie del pico más […]Al este de Alzira, en la comarca de la Ribera Alta, se encuentran los frondosos valles de la Murta y la Casella, en plena sierra de Corbera. Una sierra, según nuestro escritor Teodoro Llorente, de “cresta escarpada y peñascosa, de tonos grisáceos, y cubren sus faldas pinares de aterciopelado verdor. Al pie del pico más […]

Citas

Escolano, G. (1610). Décadas de la historia de Valencia

“Es el valle aparejadísimo para olvido del mundo y acuerdo del cielo, porque le puso Naturaleza entre unos montes altos, vestidos de verde todo el año y coronados de pinos, romeros y arrayanes ó mirtos… Derramó el cielo en estos montes y valles casi toda la botica de yerbas y plantas medicinales; y así, los grandes médicos valencianos de nuestra Universidad los visitan á ciertos tiempos, cuando salen á montería del conocimiento de los simples medicamentos, y vienen á hallarlos en este valle; porque es un sumario de cuantas yerbas andan repartidas por todo el mundo… Refieren los religiosos, que aportando por allí un moro gran filósofo, arrebatado en admiración de la hermosura del sitio, dijo: que si Dios no tenía en los cielos su silla, la tenía sin duda en aquel valle”.

Cavanilles, J. A. (1797). Observaciones sobre el Reyno de Valencia

“Ahora la desidia de los que viven en las cercanías del monte, y mucho mas la aspereza de la superficie favorece sobremanera la vegetación de gran número de plantas espontáneas. En las inmediaciones de lo inculto ántes de llegar al Monasterio llamado de la Murta se hallan la hiniesta de España, conocida vulgarmente con el nombre de cascaula, la tulipa silvestre, el iris sisirinquio, el tomillo piperella, la violeta cenisia, las flómides licnitis, purpúrea y la especia nueva descrita en mis obras con el nombre de crinita, la cebolla albarrana, el coris, los linos sufruticosos, de Mompeller, y otros. En las quebradas crecen el durillo, el díctamo real ó fresnillo, la madreselva, los ramnos alaterno y licioides, el arísaro ó bien dragontea menor de Laguna, la palomilla de nueve hojas, la estática nueva que llamé aliácea, el ranúnculo con hojas de grana, coronillas, cardos, dafnes, xaras, lentiscos, fresnos, y una multitud que sería largo referir.”

Bibliografía

CAVANILLES, J. A. (1797).

Observaciones sobre el Reyno de Valencia.

ESCOLANO, G. (1610).

Décadas de la historia de valencia.

LLORENTE, T. (1889).

España. Sus monumentos y artes. Su naturaleza e historia. Tomo II. Barcelona.

MONTAGUD, B. y LAIRÓN, A. (2006).

Alzira. La isla del Júcar. Alzira: Ajuntament d’Alzira.

PIQUERAS, J. (2005).

Voz “La Murta”, Gran enciclopedia de la Comunidad Valenciana.

VV.AA. (2001).

La Vall de la Murta i el seu monestir. Alzira: Ajuntament d’Alzira.

VICIANA, M. (1566).

Libro tercero de la inclina y coronada ciudad de Valencia.