Paisajes habitados

La Vall de Gallinera

El legado morisco en el poblamiento y en la estructura agraria

Un medio físico mediterráneo

El término de la Vall de Gallinera se localiza en el interior de la comarca de la Marina Alta, en el extremo septentrional de la provincia de Alicante, en el límite con la provincia de Valencia. Posee 53,67 km2 y es un municipio formado por ocho núcleos urbanos, que de Oeste a Este son: Benissili, Llombai, Alpatró, La Carroja, Benitaia, Benissivà, Benialí y Benirrama. La Rambla Gallinera ha excavado una estrecha depresión margosa cerrada al Norte por la Serra de la Safor, las de Almirante y Albureca, y al Sur por la Serra Foradada. El terreno es muy abrupto y la escarpada orografía puede apreciarse desde miradores como los del Xap o de La Carroja. La etimología del término Gallinera proviene del mote pre-romano formado por KAL (roca, peña) e INAR (obertura, agujero), por lo que el topónimo indica el referente paisajístico más destacado del valle, la denominada Penya Foradà, que es una roca horadada que forma un arco de piedra, situada en una de las cimas de la Serra Foradada, a 737 m de altitud.

La Vall de Gallinera forma un valle estrecho y alargado, dividido por la rambla Gallinera, que discurre de O a E. Las montañas que delimitan el término se sitúan en el Prebético Externo, dentro de las Sierras Béticas, cuyas estructuras tectónicas tienen una dirección OSO-ENE. La mayor altitud se produce en la cima de la Serra de la Safor (1.013 m) y en el Tossal de la Creu (912 m), en la Serra Foradada. Predominan las calizas micríticas arcillosas, estratificadas con bancos margosos y calizas nodulares. La Serra de la Foradada posee un relieve muy abrupto, a consecuencia de un frente de cabalgamiento de las calizas sobre las margas. A media ladera aparecen margas blancas y azules de la facies Tap, y es en este sector donde se produce la mayor parte de la actividad humana del valle, con los núcleos de población y las innumerables fuentes que dan lugar a sistemas de regadío tradicionales. La pendiente media es muy acusada por lo que existe una erosión hídrica alta y los suelos deben protegerse mediante la construcción de bancales. En la solana, al Norte de la rambla Gallinera, los materiales son calizos y presentan pendientes elevadas con procesos erosivos destacados, con vaguadas muy encajadas en forma de uve.

Las temperaturas medias anuales suelen estar alrededor de los 16⁰, estando las medias de enero en 9⁰, y las de julio y agosto en 24⁰. Las precipitaciones se caracterizan por tener un máximo otoñal y una acusada sequía estival. Superan los 700 mm, por lo que es uno de los sectores con mayor pluviometría del territorio valenciano. Se ven favorecidas por la proximidad al mar, por la altitud de los relieves béticos, que fuerzan a las masas mediterráneas húmedas a elevarse, y por la disposición del valle, con una orientación abierta a los vientos de levante.

La rambla Gallinera constituye un ejemplo paradigmático de cuenca hidrográfica mediterránea, de reducidas dimensiones. Es una corriente fluvial de régimen discontinuo, aunque en ocasiones presenta episodios de avenidas y fuerte torrencialidad. Nace en la Serra de l’Albureca, junto al collado de Benissili. Discurre en dirección Este por un estrecho corredor. En su cabecera presenta un fuerte encajamiento en uve, mientras que en el centro del valle se sitúa la llanura aluvial, con terrazas de reducida extensión y materiales fluviales. A la salida del valle, en el sector oriental del término, existen procesos de encajamiento fluvial que dan lugar a una garganta calcárea denominada Corral del Vidre, entre las sierras de Gallinera y Mostalla, a consecuencia de los levantamientos diferenciales y la superposición del cauce en los materiales calizos.

La Vall de Gallinera posee destacados valores ecológicos y de biodiversidad. Dispone de varias figuras de protección a nivel medioambiental. Se integra en la Red Natura 2000, ya que en su término existen dos áreas declaradas como Lugares de Interés Comunitario: la de la Serra de la Safor y la de Valls de la Marina. A su vez también forma parte de la ZEPA (Zona de Especial Protección para las Aves) de les Muntanyes de la Marina. Existen varias especies de rapaces asociadas a medios rocosos como el águila real (Aquila chrysaetos), el búho real (Bubo bubo), el halcón peregrino (Falco peregrinus) y el águila perdicera (Hieraetus fasciatus). El 6 de noviembre de 2000 fue declarada la Microrreserva de Flora Llomes del Xap, con una extensión de 4,456 ha. Las principales especies objeto de protección son la arenaria (Arenaria valentina), el geranio de sangre (Geranium sanguineum), el anteojos (Biscutella montana), el guisante borde (Lathyrus pulcher), la centaurea de Segària (Centaurea segariensis) y el teucro amarillo (Teucrium flavum). También poseen gran interés las comunidades rupícolas, con endemismos como la herradura de roca (Hippocrepis valentina), la escabiosa de roca (Scabiosa saxatilis), el poleo de roca (Teucrium buxifolium) y la saxífraga blanca (Saxifraga cossoniana). En las umbrías destaca el rusco (Ruscus aculeatus), la cornicabra (Pistacia terebinthus), el espino albar (Crataegus monogyna) y el fresno de flor (Fraxinus ornus).

 

Un pasado de moriscos y mallorquines

Los primeros indicios de pobladores se remontan al Paleolítico Medio, en la Cova d’En Pardo. Existen más de 200 muestras de arte rupestre del Neolítico, repartidas en 17 abrigos que se han declarado Patrimonio de la Humanidad, situados en su mayoría en el Barranc de Benialí y en el de Benirrama. Están representados tres estilos pictóricos prehistóricos, como son el levantino, el esquemático y, sobre todo, el macroesquemático. En la Edad del Bronce se sitúa el poblado de la Foradá y el poblado del Castellot d’Alpatró, con restos de estructuras y fragmentos cerámicos. El poblado ibérico del Xarpolar se localiza en una de las cimas de la Serra Foradada.

En el siglo X ya se advierte la existencia de diversas alquerías musulmanas. Quedan los restos de seis fortificaciones musulmanas, siendo las más destacadas los dos castillos que custodiaban la entrada occidental y oriental del valle: el de Alcalá o de Benissili y el de Gallinera o de Benirrama. Ambos están protegidos actualmente con la categoría de Bienes de Interés Cultural. El de Alcalá o de Benissili está emplazado en el sector occidental del valle, en el Penyal Gros, a 785 m de altitud. Su origen se remonta probablemente al siglo XI, al construirse en el periodo post-califal o en los últimos años del califato. Tiene una planta irregular y sus murallas se ajustan a la topografía del terreno. Forma una compleja estructura defensiva compuesta por varios niveles. Dispone de una ciudadela en la parte más elevada y de dos albacaras, recintos fortificados situados en los bordes exteriores. En el siglo XIII fue la residencia del caudillo musulmán Al-Azraq. El castillo de Gallinera o Benirrama se ubica en la entrada oriental del valle, en un cerro a 476 m de altura, desde el que controlaba el acceso al valle desde la llanura marítima. Se construyó en el siglo XII, aunque parece que ya existía una fortificación previa del siglo XI. Es de origen musulmán, pero con estructura cristiana, al haber sido reconstruido después del terremoto de 1396. Tiene una planta de forma irregular y alargada. El seísmo ocurrido en 1644 lo destruyó por completo, aunque ya estaba deshabitado.

La conquista cristiana se produjo en 1245, y los habitantes musulmanes, bajo dominio de los señores feudales cristianos, pasaron a denominarse mudéjares. En el año 1521 los musulmanes fueron obligados a convertirse al cristianismo por orden del rey Carlos I, y a partir de ahí recibieron el apelativo de moriscos. Sin embargo no soportaron bien su forzada condición religiosa y seguían manteniendo las costumbres religiosas, jurídicas y culturales musulmanas. Esto produjo varios conflictos con la iglesia. En 1609 Felipe III declaró la expulsión de los moriscos. Al quedar el término prácticamente despoblado el Duque de Gandía, a quien pertenecía este territorio, decidió repoblarlo con 150 familias procedentes de Mallorca. La Carta Puebla firmada en Benialí data del 10 de junio de 1611.

La forma del poblamiento presenta un carácter disperso, ya que además de los ocho núcleos de población actuales, existieron varias alquerías moriscas, hasta un total de veintiuna, habitadas por grupos familiares emparentados entre sí. Algunas se abandonaron en el siglo XV y otras con la expulsión de los moriscos. Actualmente están despoblados y prácticamente no quedan vestigios de su existencia. Se denominaban Alcúdia, Benibader, Benicalaf, Beniestop, Benifotox, Benihahia, Benimàmet, Benimahomet, Benimarsoc, Bolcàssim, Ràfol, Solana de Benissili y La Solana. Las formas de ocupación musulmanas, de los primeros asentamientos berberiscos y árabes yemenitas, habían sido las alquerías, que tenían de diez a veinte casas, vinculadas a conjuntos de terrazas irrigadas. Las numerosas fuentes y galerías del valle se localizan en las inmediaciones de esas alquerías. Se trata de microrregadíos que no suelen alcanzar la hectárea de extensión. Las huertas tienen un diseño complejo, con terrazas abancaladas estructuradas en torno a la red de acequias. La repoblación cristiana supuso que se redujera el número de núcleos habitados, y que los más desarrollados ampliaran su tamaño. Esto no cambió significativamente después de la reconquista del siglo XIII. Con los mallorquines comenzaron las grandes ampliaciones de tierras cultivadas y algunos cambios en la estructura agraria. Pero la impronta del legado andalusí siguió y sigue muy presente en el territorio, y todavía se conservan los rasgos típicos del paisaje agrario de origen morisco.

 

Un paisaje agrícola entre cerezos y olivos

La base económica de la Vall de Gallinera ha sido la agricultura, aunque en la actualidad cada vez tiene mayor importancia el sector servicios, debido al auge del turismo rural. La agricultura es básicamente de secano, y aunque los microrregadíos de montaña son numerosos, bonifican una superficie reducida. En el año 2015 la superficie total cultivada es de 710 ha, de las cuales 653 pertenecen a cultivos de secano y 57 a los de regadío. Entre las producciones de secano destaca el cerezo, con 386 ha, que se ha convertido en uno de los símbolos de identidad de este territorio. Posee la indicación geográfica protegida “Cerezas de la Montaña de Alicante”. El paisaje es especialmente atractivo al principio de la primavera, con la floración, y posteriormente cuando el árbol alberga sus frutos. El olivo ha perdido parte del protagonismo que disponía antaño, aunque sigue teniendo una producción de 233 ha. Entre los cultivos de regadío sobresalen los cítricos con 52 ha.

En el municipio existe un total de 62 sistemas de regadío tradicionales. Se trata de riegos de escasa entidad, con reducidas longitudes y superficies de riego. La estructura tectónica del valle se caracteriza por el cabalgamiento hacia el NO de un anticlinal formado por calizas cretácicas, sobre los materiales miocenos de la facies Tap, bastante impermeables. El contacto entre estos dos tipos de materiales hace que surjan numerosas fuentes y galerías drenantes, en su mayor parte a media ladera, en la umbría de la Sierra de la Foradada. Se han localizado 46 fuentes y ocho galerías en el término. Por tanto predominan los microrregadíos de media montaña, donde las fuertes pendientes obligan a efectuar bancales para evitar la erosión. La abrupta topografía y la carencia de los caudales hacen que se trate de fuentes permanentes, pero de escasa entidad. Estos manantiales suelen llevar asociados en sus inmediaciones otros elementos hidráulicos. Es frecuente encontrar agrupaciones de fuente, abrevadero, lavadero y balsa.

El aprovechamiento de los recursos superficiales para el regadío tiene una importancia testimonial. De la rambla Gallinera no se capta ningún sistema de riego, ya que las únicas acequias que derivaban el agua de su cauce se utilizaban para el aprovechamiento de tres molinos harineros: el Molí de Dalt o dels Moliners, del Molí del Mig o de Porra y el Molí de Baix o dels Serafins. El tercero tenía su azud en la Vall de Gallinera pero se localiza en l’Atzúbia. Existe otro molino en el término, el Molinet, que se aprovechaba de las aguas de la Font de l’Asbeurà, de la Font de Benialí o de la Concepción y del Pantanet, que es un azud localizado en el Barranc del Pont de Malonda.

La Penya Foradà es un monumento natural que constituye una referencia visual desde muchos lugares del valle y cuenta con una localización privilegiada al estar aproximadamente en la mitad del mismo. Está formada por un arco de piedra de unos 3,5 m de altura. El Convento de San Andrés del Monte, en la pedanía de Benitaia, perteneció a los frailes descalzos de la orden de San Francisco. La primera piedra se colocó el 11 de junio de 1611, al día siguiente del otorgamiento de la Carta Puebla, bajo el patronato del Duque de Gandía. En 1644 se vio afectado por un terremoto que lo destruyó parcialmente. Fue reconstruido y se cerró definitivamente en la desamortización de 1835. En la actualidad prácticamente no hay vestigios del mismo y en su lugar se ha edificado un calvario.

La Foradà y el Convento recreaban, gracias a la alineación solar, una especie de hierofanía (manifestación de lo sagrado). José Lull ha calculado con operaciones de trigonometría esférica que la alineación se produce efectivamente el día de San Francisco de Asís (4 de octubre) a las 18 horas 20 minutos, y el día de San Francisca (9 de marzo) a las 17 horas 42 minutos. Dependiendo de la posición de observación, del día y del año puede variar unos minutos. La alineación puede darse un máximo de dos días consecutivos. Estos días varían de año en año, lo que se refleja en un pequeño desfase de unos días, según el año. A consecuencia de las dimensiones de la Foradà hay un alto grado de focalización en la alineación, por lo que el fenómeno dura un poco menos de dos minutos. El hecho de que el sol atravesara la Foradà e iluminase la zona donde estaba el convento, en el preciso día que se conmemoraba al santo patrón de los franciscanos, implica que la elección del lugar donde se edificó obedece a observaciones astronómicas muy precisas. El estudio de José Lull ha servido para recuperar una tradición olvidada, que se ha vuelto a reanudar. Esto posibilita que un elemento tan característico del término como es la Foradà, se convierta en un reclamo turístico, a consecuencia de la rareza y maravilla de este fenómeno.

 

Miguel Antequera Fernández
Sandra Mayordomo Maya
Departament de Geografia,
Universitat de València

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Citas

FUSTER, J. (1971). Viatge pel País Valencià. Obras completas, tomo III. Edicions 62, Barcelona.

“(…) Travessem la Vall de Gallinera, de Benisili a Benirrama: vuit caserius a la vista, separats, que constitueixen un sol ajuntament, s’aposenten en els voltants d’una llera pedregosa i seca. Les muntanyes, a una banda i a l’altra, blavegen, es deixen aplicar bancals per a les oliveres, presenten fermes muralles estremides. A Benisili hi havia un castell i a Benirrama un altre: la Gallinera estava vigilada en les seves portes per aquests dos adalils moruns. Hi ha de tant en tant petites hortes rients, i comencen els pins en alguna escarpa. Després de Benirrama encara segueix un paratge empenyalat i descortès, més aclaparador perquè açí la vall s’estrangula i la muntanya se’ns llança a sobre”.

Cavanilles, A. J. (1797). Observaciones sobre la historia natural, geografía, agricultura, población
y frutos del Reyno de Valencia
, Imprenta Real. Madrid.

“El sitio más oportuno para verlo de un golpe es el cabezo de la Peña Horadada (…) Mucho más se extiende la vista subiendo a cumbre, donde está el agujero que dio nombre al monte. Hállase el agujero en la cresta más alta abierto de norte a sur, y forma un arco de 24 pies de altura, siendo su latitud de 30. Todo el monte es calizo de piedra blanquecina, quebradiza y dura”.

Castañeda, V. (1919). Relaciones geográficas, topográficas e históricas del Reino de Valencia
hechas en el siglo XVIII a ruego de Don Tomás López
, Madrid.

“Subiendo hacia lo empinado del monte, por parte de Mediodía, está situado Benitaya, lugar de veinte i quatro casas, sobre un alto terreno, mira hacia el Oriente i continuando en subir está un Convento de Religiosos y a lo más empinado y alto del Monte, ai un peñón elevadísimo, que estando ahugerado por el medio descompasadamente, pasa el Sol por dentro, día de San Francisco
y da en el convento”

Bibliografía

CASTAÑEDA, V. (1919)

Relaciones geográficas, topográficas e históricas del Reino de Valencia hechas en el siglo XVIII a ruego de Don Tomás López, Madrid. En ed. facsímil, Generalitat Valenciana, València, 1998.

CAVANILLES, A. J. (1797)

Observaciones sobre la historia natural, geografía, agricultura, población y frutos del Reyno de Valencia, Imprenta Real. Madrid, 1797 (Edición facsímil, Valencia, 1981).

FUSTER, J. (1971)

Viatge pel País Valencià. Obras completas, tomo III. Edicions 62, Barcelona, 439 pp.

LULL, J. (2008)

La alineación solar de la Foradá en la Vall de Gallinera. Ed. Ajuntament de la Vall de Gallinera, 26 pp.

LULL, J. (2011)

Breu història del convent franciscà de Benitaia i l’alineació solar de la Foradà a la Vall de Gallinera. Ed. Ajuntament de la Vall de Gallinera y Unió Cultural d’Amics de la Vall de Gallinera, 64 pp.

MORERA, V; ORTOLÀ, J. (2011)

La Vall de Gallinera per camins de moriscos i mallorquins. Ed. Institut d’Estudis Comarcals de la Marina Alta (IECMA), 240 pp.