Paisajes agrarios

El Arrozal de la Ribera

Un ciclo de variaciones sobre el mismo paisaje

El arrozal, por el carácter anfibio del paisaje, de agua fluyente aterrazada, es uno de los agrosistemas más llamativos de la cuenca mediterránea. Es un cultivo altamente productivo, pero muy exigente en agua, clima y brazos. La construcción de las tierras de arroz ha conocido etapas expansivas, severas prohibiciones y también épocas de abandono. En el litoral valenciano, el arrozal fue una secular seña de identidad del paisaje agrario por su extraordinaria extensión y por las formas de vida de quienes lo cultivaron por tantas marjales y márgenes fluviales de los ríos más abundantes. A fines del siglo XVIII, dentro de un vivo debate sobre la prohibición o permisividad del arrozal, A. J. Cavanilles diferenció entre los resultantes del arte (de la nivelación de campos, de la derivación y precisa distribución del agua por los campos) y los cultivados en humedales obra de la naturaleza (que exigían arduos trabajos de bonificación y drenaje de tierras). En la actualidad han desaparecido muchísimos cotos arroceros y sólo se sigue cultivando en las marjales que cercan la Albufera de Valencia y se prolongan también en la cercana margen derecha de la desembocadura del Júcar. Allí arroz y marjal son tan inseparables que se ha producido una variación semántica: marjal ha acabado queriendo decir arrozal (V. M. Rosselló).

 

La margen derecha de la Ribera Baixa

En la margen derecha próxima a la desembocadura, también acompañan al río Júcar los ambientes morfológicos de la llanura deltaica que conforma la Ribera Baixa. Entre ellos no faltan unas ciénagas deprimidas enmarcadas entre la cresta aluvial del río Júcar y la rampa coluvial al pie de la sierra de Corbera. Este humedal actúa como cuenca de inundación o almacenamiento de flujos desbordados durante las avenidas extremas del río Júcar. En las cercanías del mar, el área pantanosa queda cerrada por un ancho frente deltaico o restinga, sólo interrumpido por el Estany Gran de Cullera y episódicas brechas abiertas durante las mayores inundaciones.

El encharcamiento de la ciénaga procede de niveles freáticos muy someros y de surgencias o ullals. Los afloramientos de agua dulce propiciaban el desarrollo de vegetación palustre y la formación de turba. El drenaje desde la Montanyeta de la Font se organizaba por el entonces llamado río de Corbera (hoy desaparecido). Las condiciones hidrológicas determinan la existencia de suelos hidromorfos, e incluso turbosos.

 

La bonificación de la marjal

El área palustre del sur del Júcar se fue transformando desde la Edad Media mediante obras de drenaje. El empeño de Jaime II también alcanzó esta marjal. Según la cartografía histórica, la marjal del sur del Júcar era drenada por el río de Corbera, un curso perenne alimentado por la Font (de Benicull), varias fuentes entre Polinyà y la montaña de Sant Miquel, y la Fonteta de Favara. El río de Corbera desaguaba al mar por el Estany Gran de Corbera o de Cullera y también por la Gola de Alfandec (Tavernes) hasta su obturación en el siglo XVII.

Durante la Pequeña Edad del Hielo, hubo frecuentes desbordamientos y elevación de niveles freáticos que afectaron las condiciones hidrológicas de la marjal. Se hablaba de marjals molt grans e incultes ab molt grans pantanos y ullals de aygues. A fines del siglo XVIII, Cavanilles constató el problema de la insalubridad de estas tierras que las convertían en lugares con un alto índice de mortalidad. La bonificación completa de la marjal no se consiguió hasta el siglo XIX. En la actualidad, el arroz –que requiere una circulación permanente del agua por las parcelas durante los meses estivales– es el principal cultivo (unas 740 ha) de la comunidad de regantes de Quatre Pobles.

 

El valor del arrozal

El arrozal de la margen derecha del Júcar está incluido en el Catálogo de Zonas Húmedas de la Comunidad Valenciana. Su mantenimiento amplía y completa los humedales costeros del golfo de Valencia y, al tiempo, asegura una vía de laminación de las avenidas fluviales. Al mismo tiempo, aporta diversidad paisajística a la Ribera, con gran variabilidad a lo largo del año y guarda la memoria de formas de vida que también han dejado su huella en el paisaje.

 

Joan F. Mateu
Departament de Geografia
Universitat de València

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Fotos

Vista aérea de los arrozales (foto ESTEPA).Cultivo de arros de Sueca y Sollana (foto Pep Pelechà).Ullal de Baldoví (foto Pep Pelechà).La  Muntanyeta del Sants. Sueca (foto Pep Pelechà)

Mapas

El arrozal, por el carácter anfibio del paisaje, de agua fluyente aterrazada, es uno de los agrosistemas más llamativos de la cuenca mediterránea. Es un cultivo altamente productivo, pero muy exigente en agua, clima y brazos. La construcción de las tierras de arroz ha conocido etapas expansivas, severas prohibiciones y también épocas de abandono. En […]El arrozal, por el carácter anfibio del paisaje, de agua fluyente aterrazada, es uno de los agrosistemas más llamativos de la cuenca mediterránea. Es un cultivo altamente productivo, pero muy exigente en agua, clima y brazos. La construcción de las tierras de arroz ha conocido etapas expansivas, severas prohibiciones y también épocas de abandono. En […]

Citas

J. Fuster (1962). El País Valenciano, 356-357.

“Si es por primavera avanzada, el viajero se creería varado en el centro de una quieta laguna: el agua ocupa la inacabable superficie, y únicamente la línea delgada de los margenes y veriles que separan unos predios de otros, y las casitas desperdigadas rompen su estricta apariencia de cristal. Más tarde, las plantas despuntan, llenan los campos de verde, espigan, se doran con el rigor del estío, y un olor áspero, penetrante, olor a feracidad potente, pesa sobre el aire cálido. A principios de septiembre se siega la mies y luego la tierra queda en su ocre original, desierta en un reposo que parece desolación. Un ciclo de variaciones sobre el mismo paisaje.
En invierno las marjales arroceras aún tienen otra aplicación: se convierten en cotos de caza. Los campos bajos, vueltos a inundar, se utilizan para tiradas de aves acuáticas: las pobres palmípedas, que de paso hacia un Sur más benévolo se posan a picotear los residuos del arroz, sirven de blanco a las escopetas deportivas. Los cazadores se agazapan sumergidos en el agua y disimulados con brozas,
y disparan contra las fojas y los ánades reales que
se confían en las puras madrugadas de diciembre.”

A. J. Cavanilles (1795-97). Observaciones sobre el reyno de Valencia.

“En los sitios hondos, quales son principalmente las inmediaciones de la Albufera, que se mantienen inundadas hasta marzo, se retardan dichas operaciones (de arar la tierra) hasta principios del mismo mes o fines del antecedente, y entonces se aran aunque permanezcan aún en el agua”.

J. Piera (1982). El cingle verd, 222-223.

“No he volgut anar a València des de Gandia per l’autopista. He preferit el camí vell, anomenat reial. De Borderia a Cullera per la travessa de la platja de Tavernes. Tarongers i tarongers, a banda i banda. Bardisses de xiprers. Enfilats d’aram puntxós. Canyars alts. Alguna palmera. Les marjals de terra negra. Rodats de pedra, d’obra. Cases blanques… L’arribada a Cullera, vora riu, encara té el seu impacte. Poc després, en travessar el Xúquer pel pont de ferro, em ve un aire fresc a la memòria.
Cap a Sueca, entre marjals inundades. El cel embassat a l’aigua abancalada. Com una mar domèstica, d’aigua dolça”.

A. López Gómez (1964). “Riegos y cultivos en las huertas valencianas”, Cuadernos de Geografía, 1, 151.

“(El arroz) es cultivo de verano. Se inicia en semillero, en marzo; en mayo se trasplanta al campo, previamente labrado e inundado, y así se mantiene –salvo un desagüe para matar las malas hierbas- con agua ligeramente corriente, para evitar el paludismo, hasta fines de verano, en que se desagua para la siega en septiembre; se realiza ésta a mano, y el transporte por los campos embarrados, en una especie de trineos de madera; en los canales y en la Albufera se utilizan barcas de fondo plano, movidas con pértigas o vela latina, que componen una silueta de singular belleza. Después los campos quean vacíos hasta la siguiente primavera”.

J. Soler Carnicer (1962). Rutas Valencianas, I, 219.

“Recomendamos realizar un viaje en tren (desde Valencia) hasta Cullera sólo por el hecho de gozar del indescriptible panorama de viajar kilómetros y kilómetros a través de dilatados arrozales que llegan a perderse en el horizonte”.

Bibliografía

LÓPEZ GÓMEZ, A. (1989).

“La evolución del cultivo hortícola en los marjales de la costa valenciana”, en Estudios sobre regadíos valencianos, Valencia, P. U. V., 21-82.

PERIS, T. (2003).

Història de la Ribera (II): la terra de l’arròs i les moreres, Alzira, Bromera, 290 pp.

RUÍZ PÉREZ, J. M. et al. (2006).

“El marco físico del regadío de la Ribera”, en HERMOSILLA, J. (Edit.): Las Riberas del Júcar: Paisajes y patrimonio valenciano, Valencia, P. U. V., 22-44.

SANCHIS, C. et al (2010).

“Los regadíos de la Ribera del Xúquer” en HERMOSILLA, J. (Edit.): Las Riberas del Júcar: Paisajes y patrimonio valenciano, Valencia, P. U. V., 125-149.

VERCHER, S. (2006).

“Los fundamentos del regadío histórico tradicional en la Ribera Baixa del Xúquer. El margen derecho (s. XIII-XX)”, en HERMOSILLA, J. (Edit.): Las Riberas del Júcar: Paisajes y patrimonio valenciano, Valencia, P. U. V., 219-237.