Paisajes habitados

Viviendas tradicionales: la masía, la barraca y la alquería

Una arquitectura tradicional ligada al hábitat

Hasta no hace muchos lustros, la actividad agrícola fue la principal de nuestro territorio. Dicha acción ha ido condicionando el paisaje. Y en éste los edificios, lugar de habitat y espacio de trabajo, se elevan en ese territorio agrícola, integrando y definiendo el paisaje. Hoy en día el retroceso en el terreno cultivado, los avances en la agricultura, así como los cambios en las formas de vida y trabajo facilitan la paulatina ruina y desaparición de estas construcciones tradicionales.

 

La masía, el mas, la casa de campo

La masía, también casa de campo, mas o maset (mas pequeño). Más específicamente en valenciano el mas se refiere al territorio de explotación agrícola y en el que se incluye el edificio principal o masía. Las casas de campo, o masías suelen ser espacios con una antigua explotación histórica. Estos edificios se alzan tanto en el interior montañoso como en las zonas de alturas medias y en la costa. Los materiales de construcción dependen en cierta forma del terreno donde se alce, pero en general utilizan la piedra sin pulir como elemento de construcción para dar solidez al edificio, reservándose en ocasiones la piedra trabajada para algunos de los vanos, especialmente las puertas. También se utiliza en su fábrica la arcilla, la cal y el cemento, y naturalmente la madera para las vigas, puertas y ventanas, entramado de cañas para los techos; las cubiertas se cubren con teja. Los tejados suelen ser a dos vertientes, o a una. Suelen situarse en un lugar estratégico del espacio agrícola con orientación determinada según los vientos de la zona. Pueden tener generalmente entre uno o dos pisos, aunque en ocasiones tres alturas. Con distribución de espacios: para los animales en la planta baja o en establo anexo, la vivienda en la planta baja y/o primer piso. En el último de los pisos, el segundo, o un tercero, servía para guardar el producto de las cosechas. En ocasiones estas edificaciones eran al mismo tiempo defensivas como es el caso de algunas casas de campo de la costa valenciana.

La literatura en esa mirada utópica sobre el mundo rural también ha dejado páginas y letras de la imagen de estas construcciones camperoles, como vemos en los versos mostrados más arriba.

Hoy en día algunos se conservan en el uso para el que fueron construidos: vivienda y casa para las tareas agrícolas y ganaderas; pero en numerosos casos el abandono de los campos y los cambios en las formas de vida y trabajo han hecho que permanezcan abandonas y en ruinas; en otras ocasiones se han reconvertido en casas rurales o bien segundas residencias para habitantes de fin de semana o de períodos vacacionales. Son infinitas las construcciones de este tipo en todas las comarcas valencianas. Por ejemplo el Mas de Aguirre con la Caseta Blanca en el término de Bétera (lugar de reunión de intelectuales valencianos de finales del siglo XIX). En muchas de nuestras comarcas el mas agrupa una serie de viviendas a modo de pequeñas aldeas o caseríos, algunas de ellas ya deshabitadas: d’Agut, dels Bancals, de Cervera, del Coll, del Collet, del Curro, de Domingo, d’Estela, d’Esteve y d’Albalat en Sierra Engarcerán; también d’Albalat, del Blau, de Campos, de Carretera, de Català y de la Blanqueta en Vall d’Alba; d’Avall en Costur; del Barranc dels Horts y d’Estaca en Ares del Maestre; de Barratxí, Belladona y Barrera en Vall d’Alba; Blanc en les Useres; de Calaf en Villanueva de Alcolea; dels Caducs en Cuevas de Vinromà; de Colom en Benassal… En otras ocasiones estas construcciones se agrupan para el genérico de masía: masía de l’Abad y la de Coloma en Cuevas de Vinromà; del Adelantado y Barranco en Castillo de Villamalefa; de l’Andalús y d’En Gasc en Salsadella; d’Andreu de Dalt y el de la Costereta en el término de Lucena del Cid; d’Antolí en Catí; de la Bartola y la de Cullero en Benicassim; del Batle y del Corral Nou en Salsadella; dels Bels, de les Clapises y el de la Creu en Chert; Benagera en Ludiente; Benicabo, de Dolz y Cerdanya en Castellfort; Brusca en Albocácer; del Camino en Cortes de Arenoso; Cap Blanc en Onda; Capote en Vistabella; Carruana en Cuevas de Vinromà; Correntilla en Villafamés; la de Cucalon en Altura; Custodio en la Serratella; la de Edavaristo en Catí; Blancas y del Cristo en Viver…

 

La alquería

La casa de campo en la zona costera, relacionada con el regadío, se denomina alquería. La palabra de claro origen árabe significa ‘pequeño poblado’, pues en origen se define así a un pequeño conjunto de casas de labor en las proximidades de las tierras a trabajar. En origen muchos de los pueblos de nuestras comarcas proceden precisamente de alquerías musulmanas. Al contrario que la barraca que es característica del minifundio, la alquería controla una mayor extensión de tierra a cultivar. Los edificios son de planta rectangular, o en ángulo, o formadas por dos cuadrados; en la planta baja se instala vivienda, con l’estudi o habitación del matrimonio, la llar comedor y cocina con su amplia chimenea, en el segundo puede haber más habitaciones aunque generalmente es l’andana para guardar las cosechas; la cubierta es de teja mora. Hoy en día el nombre ha quedado reducido a un edificio en tierra de labor. La huerta de Valencia y las zonas limítrofes conservan algunas de estas alquerías, que suelen tener uno o dos pisos, en alguna ocasión con una torre, muchas han desaparecido pero otras se conservan como: la del Moro en Benicalap, la de Julià en Valencia.

Algunas alquerías refieren conjuntos de edificios agrupados, que en ocasiones han dado lugar a algunos de nuestros municipios, como Alquerías del Niño Perdido. Otras se han integrado dentro de los pueblos y ciudades, como hemos indicado más arriba. La geografía valenciana está plena de estos topónimos: Alqueria de la Comtessa que a su vez contiene también alquerías como la dels Frares; d’Escalç, Ferris, de N’Aranda y la d’Estanya en Cocentaina; Nova y la del Duc en Gandia; d’En Foixet en Real de Gandia; de Gil y la de Galceran Sanç en Rotglà i Corberà; de Rabossa en Almàssera; de Roca integrada en la ciudad de Meliana; de Rubio en Benirredrà; alquería de Sanç en Penàguila; de Serra en Denia; las de la Vallesa en Sagunto; d’Alos, dels Pollastres y la de Pellicer en Chirivella; Vella en Aielo de Malferit; alqueries de Valencia en Burriana; l’Alquerieta en Alcira; l’alquerieta de Guardamar; l’alquerieta Jorda en Alcoy…

 

La barraca

Es un tipo de construcción propia de zonas bajas, de huerta, realizada con materiales pobres: troncos de morera o de chopo, cañas, barro, gramíneas… y que para su subsistencia necesitan un mantenimiento prácticamente anual, especialmente en la techumbre. Es una vivienda familiar, propia de minifundios.

Este tipo de construcciones se extiende, o mejor se extendían (pues muchas de ellas han desaparecido) por el entorno de la Huerta de Valencia, zonas pantanosas y en el Bajo Segura en la zona valenciana; no obstante también se construían en la zona murciana. Asimismo en el delta del Ebro se localizan barracas muy semejantes a las valencianas que aquí tratamos.

Su planta es rectangular, con una apuntada y característica cubierta a doble vertiente. La barraca ha sido siempre un elemento de ensoñación de un mundo rural idílico, presente en la literatura valenciana, como vemos en los versos de Teodoro Llorente, mostrados del principio del presente artículo.

Y presente también en la magnífica y dura descripción de la vida en la huerta de Valencia de Blasco Ibáñez: “La cubierta de paja de la barraca apareció de pronto enderezada; las costillas de la techumbre, carcomidas por las lluvias, fueron reforzadas unas y restituidas otras; una capa de paja nueva cubrió los dos planos descendientes del exterior. Hasta las crucecitas de sus extremos fueron sustituidas por otras que la navaja de Batiste trabajó cucamente, adornando sus aristas con dentelladas de muescas, y no hubo en todo el entorno techumbre que se irguiera más gallarda ” (Vicente Blasco Ibáñez, La barraca).

Las barracas se extienden sobre el espacio de minifundio, pero conformando una abigarrada sociedad, con sus relaciones, normas, y unas formas de vida que han pasado al imaginario colectivo como uno de los elementos más reconocibles del pueblo valenciano: “ En realitat les barraques es troben sempre molt properes les unes de les altres estan en una comunicació mútua ininterrompuda, i llurs habitants tenen plena consciència de constituir una comunitat. El sentiment de solidaritat dels hortolans valencians pot arribar a dur-los a defensar amb duresa els interessos col.lectius, segons va narrar magistralment Blasco Ibañez en la seua gran novel.la titulada precisament ‘La Barraca’ ’” (Manuel Sanchis Guarner, Les barraques valencianes, Barcelona, 1957, p. 11)

 

Un paisaje que desaparece

Todas estas construcciones sufren al mismo tiempo, o mejor en estos tiempos, un claro proceso de destrucción, desaparición, dados los cambios socioecómicos del último siglo. Tanto la casa de campo del interior como las construcciones de las comarcas costeras, sufren el paulatino abandono de las tierras, y por ende de la función de dichas construcciones. Como hemos indicado, sólo en ocasiones logran mantenerse en pie por un cambio de función (casas rurales, hoteles, residencias veraniegas), en menos casos continúan como centros de producción agrícola. Lo mismo le sucede a las alquerías, y mucho más las barracas, realizadas con de unos materiales más efímeros y por tanto más difíciles de conservar sin un continuo remozamiento. En otras ocasiones la desaparición viene forzada al integrarse en las ciudades y poblaciones que se extiende sobre el suelo rural que las circunda. No obstante todas ellas han formado parte históricamente de nuestro paisaje, y le han dado un sentido propio y característico. La vivienda tradicional es, pues un elemento a conservar junto a su propio entorno agrícola que ha dado sentido durante siglos a la historia, economía, costumbres y horizonte del territorio valenciano.

 

Josep Montesinos
Departament d’Història de l’Art
Universitat de València

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Fotos

Cal Figuero a l’Horta de Benimaclet (foto Miquel Francés).Lechuga en la partida de Calvet d’Alboraia (foto Miquel Francés).Mas de Racó, Morella (foto ESTEPA).Masía de els Llívis, Morella (foto ESTEPA).Masía y Torre de Matella, Culla (foto ESTEPA).Alqueria de l’Aigua Fresca (foto Pep Pelechà).

Mapas

Hasta no hace muchos lustros, la actividad agrícola fue la principal de nuestro territorio. Dicha acción ha ido condicionando el paisaje. Y en éste los edificios, lugar de habitat y espacio de trabajo, se elevan en ese territorio agrícola, integrando y definiendo el paisaje. Hoy en día el retroceso en el terreno cultivado, los avances […]Hasta no hace muchos lustros, la actividad agrícola fue la principal de nuestro territorio. Dicha acción ha ido condicionando el paisaje. Y en éste los edificios, lugar de habitat y espacio de trabajo, se elevan en ese territorio agrícola, integrando y definiendo el paisaje. Hoy en día el retroceso en el terreno cultivado, los avances […]

Citas

Teodoro Llorente (1883). La Barraca.

“Quatre pilars, més blancs que l’assutzena,/formen davant un pòrtic de verdor:
corre sobre ells la parra, tota plena/de pàmpols d’esmeralda i raïms d’or;/a son ombra, lo pa de cada dia/repartix a sos fills lo Treball sant,/i, en la taula, la Pau i l’Alegria/les flors van desfullant.
A un costat obri el pou la humida gola,/i, perquè tinga perfumat dosser,/la garlanda de flors, que al vent tremola,/estén sobre el brocal un gesmiler;/i per la franca porta, mai tancada,/les flors despreses i el flairós perfum/a dins penetren, en la dolça onada/l’aire i de la llum…
Barraca valenciana! Santa i noble/escola del Treball! Modest bressol/del que nos dóna el pa laboriós poble,/curtit pel vent i bronzejat pel sol!/Més que els palaus de jaspis i de marbres,/més que los arcs triomfals i els coliseus,/tu, pobre niu perdut enmig dels arbres,/valdràs sempre als ulls meus!"

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