Paisajes simbólicos

El Penyal d’Ifach

El parque natural más pequeño de Europa

El pétreo y majestuoso promontorio montañoso que vigila las costas de Calp se alza vertical y aislado, unido a tierra firme por un tómbolo formado por la acumulación de materiales detríticos. Su posición y altura, 332 m elevándose sobre el mar, ha servido de guía o punto de referencia a los marinos del Mediterráneo, pero también de atalaya para la vigilancia costera. Cuenta Ifac o Ifach con un perfil que se adentra en la mar, mientras que observado desde Calp da sensación de que se constriñe abrazado por el Mediterráneo. Mar y montaña que se recorta en el horizonte, ofrece al espectador no sólo riquezas visuales; también juegan los sonidos y los olores, junto a las singularidades botánicas y faunísticas.

En la actualidad, se ha convertido en un excelente mirador costero, cuyos valores geomorfológicos, ecológicos, culturales y paisajísticos motivaron, en 1987, su declaración como Parque Natural por el gobierno valenciano.

 

Orígenes y formación del Penyal

El penyal d’Ifac se localiza en la costa septentrional alicantina, al sur del promontorio de San Antonio-La Nao y entre la punta de Moraira al norte y la serra de Toix al sur. El penyal se erige como un contrafuerte de disposición oeste-noroeste este-sudeste, del Prebético interno meridional o alicantino, de la Cordillera Bética. Esta imponente mole rocosa, de verticales desniveles y paredones que caen al mar, es el resultado de una serie de procesos geológicos y geomorfológicos. La acumulación en aguas poco profundas de depósitos calizos durante el Eoceno y margosos, margocalizos y arenosos en el Mioceno, favoreció la formación de potentes paquetes sedimentarios, origen del edificio litológico del penyal.

Tras los empujes tectónicos que tuvieron lugar entre el Oligoceno y el Mioceno, emergieron invertidos los materiales sedimentarios como resultado del cabalgamiento de los estratos calcáreos eocenos. Con los bloques calizos en la parte superior, el edificio continuó su formación durante el Pliocuaternario. Es en este momento cuando se conforma el cordón dunar que une al penyal con tierra firme, y los piedemontes, llanuras costeras y depresiones aluviales. Efectivamente, entre la bahía de Calp y el islote que constituía el penyal d’Ifac frente a aquélla, se edificó un tómbolo a modo de doble flecha, como consecuencia de la dinámica litoral y de los sedimentos procedentes del mismo penyal. El desarrollo de una doble flecha o doble restinga aisló la bahía del mar y favoreció la formación de una pequeña albufera, que se ha ido colmatando por los aportes sedimentarios de barrancos y del viento; quedando en su lugar un estanque de menos de 30 hectáreas y en torno a él una marjal, hoy rodeada, si no prácticamente cubierta, de asfalto y edificaciones.

 

Un paisaje rocoso y vertical

La silueta del penyal d’Ifac, con sus paredes verticales se recorta en el horizonte, conformando un hito visual de primer orden. Su morfología compacta, que surge y penetra en el mar, supera los trescientos metros de altitud, con paredes enhiestas de más de cien metros que alcanzar el mar. Estos enormes paredones se explican por la disposición subvertical de los estratos eocenos y los movimientos tectónicos. La disposición de los estratos calcáreos sobre las laderas de margas, que unen al penyal con el continente, y las litologías ofrecen distintas morfologías y cromatismo en sus vertientes. Así, las calizas propician abruptos cantiles grisaceos en la zona meridional y nororiental, mientras que las margas afloran en las vertientes septentrional y oriental, dando lugar a laderas menos abruptas, de colores grises amarillentos.

Las vertientes constituidas por acantilados responden al control estructural y litológico, en función de los procesos erosivos litorales. A la meteorización de la roca del acantilado por descompresión y acción de la gravedad sobre unas rocas diaclasadas y carstificadas, se le suma la batiente de las olas que, además de ejercer un efecto de zapa, impide la acumulación de los materiales caídos.

Otra tipología de vertiente presente en el penyal d’Ifac es la de cantil-talud, allí donde existe una alternancia de materiales; calizas en las paredes acantiladas y taludes sobre margas. Por su parte, el sector noroccidental del penyal muestra una tipología de acantilado sobre margas, donde la incisión marina es mucho más evidente, por la menor resistencia a la erosión de estas rocas.

 

Un enclave montañoso en el litoral

El antiguo islote unido hoy a la costa por dos flechas de sedimentos, se levanta más de 300 metros sobre el mar, ofreciendo un paisaje mixto que combina los rasgos de la montaña con los del litoral. El difícil acceso por la complejidad topográfica frenó la invasión de actividades humanas, lo que junto a las características morfológicas, climáticas, edáficas y a la influencia marina da lugar a diversos nichos ecológicos. Estos enclaves están ocupados por una comunidad de plantas y por una fauna, que se adapta a cada una de sus especificidades.

A pesar de su reducida extensión, podemos diferenciar en el penyal d’Ifac distintos hábitats. Existe una zona formada por la parte sumergida de los acantilados, en la que habitan distintas algas, invertebrados y peces. Inmediatamente por encima, se sitúa una zona rocosa sumergida durante el envite de las olas y emergida en su retirada. Este hábitat mixto alberga especies de algas y moluscos como las lapas. Existe una zona, por encima de esta última, expuesta al salitre y las salpicaduras de agua del oleaje, pero que en ningún momento queda sumergida bajo las aguas del mar. Este hábitat rocoso está ocupado por líquenes, bígaros, balanos y cochinillas de mar. Otro de los hábitats es el constituido por las paredes verticales emergidas, en las que se desarrolla entre sus huecos y fisuras una vegetación rupícola con numerosos endemismos. Ejemplo de ello son la Asperula paui Teucrium hifacense, subsp. Dianensis, la Scabiosa saxatilis, la Hipopcrepis valentina y la Silene hifacensis.

En las laderas medias y bajas del penyal, la vegetación dominante es un matorral mediterráneo termófilo, con representaciones de la maquia litoral: sabinas, aladiernos, lentiscos, palmitos… Otras especies presentes son el cade, la retama, el tomillo, la esparraguera entre las que habitan lagartijas como la colilarga, la culebra rayada, de herradura y bastarda, la víbora hocicuda, pequeñas aves insectívoras, como las currucas y micromamíferos como el ratón de campo o las musarañas grises. En las zonas donde se ha desarrollado un suelo más profundo aparecen ejemplares de pino carrasco, con unas formas fruto de su adaptación a los vientos marinos.

La avifauna de este enclave tiene un interés especial. A la zona rocosa hay que añadir el hábitat especial para los flamencos que constituye el Saladar, estanque de agua salobre donde anteriormente existía una albufera. Entre las aves más singulares destaca una rapaz denominada halcón del Eleonor (Falco eleanorae); también otras aves como el cormorán moñudo, el alcatraz, el halcón peregrino, el vencejo pálido, la gaviota patiamarilla y otras aves más comunes como el avión roquero, la gaviota argéntea, el charrán común o la collalba negra.

 

El Penyal d’Ifac: atalaya, asentamiento, reserva natural e hito paisajístico

“Es la sirena de un barco. Estaba el aire dormido; todo parado, y la sensibilidad de los ecos desnuda en un dulce ocio. Y en ese momento pasa un vapor frente a lo más hermoso de la costa; aparición de Calpe y a su lado Ifach, tallado de luna… 

El barco se ahoga de belleza y ha tenido que gritar. Para que la gracia se cumpliese del todo, ha volado la brisa, llevándose las exclamaciones de la sirena, y entonces las arrebataron los montes entrándolas claramente en todos sus recintos”
Gabriel Miró (1928)

El insólito perfil de Ifac, etéreo entre las nubes tras despegar de la mar, ha constituido una referencia visual para viajeros y marinos desde tiempos remotos. Su singular forma reconocible recortándose en el horizonte sirvió de faro para los que venían de lejanas tierras a comerciar, y de atalaya para quienes tenían que protegerse de incertidumbres de ultramar. Localizado estratégicamente, Ifac ha constituido un hito desde antiguo para las distintas comunidades que en algún momento de la historia se vincularon a la costa alicantina.

Tanto el tómbolo o istmo que une al penyal a tierra firme y las faldas de la vertiente más occidental han experimentado una antigua ocupación antrópica, que se explica por la topografía más favorable. Han sido hallados restos arqueológicos de la Edad del Bronce, en las proximidades de donde empieza el acceso al Parque. También los fenicios establecieron aquí un pequeño asentamiento comercial, conviviendo con los íberos que contaron con un poblado entre los siglos IV y III a.C. Posteriormente, los romanos abandonaron las faldas del penyal y se asentaron en el tómbolo que lo une a la costa. Crearon aquí una ciudad en torno a las salinas y a una factoría de salazones donde se preparaba el garum, alimento básico en la dieta romana. Se han hallado restos de la ocupación romana y de dicha industria en el yacimiento de los Baños de la Reina. Es en este punto donde Cavanilles descubrió los restos de una antigua villa romana de época altoimperial, compuesta por tres viviendas de considerable tamaño y carácter monumental, asentamiento que perduró hasta el siglo VII d.C.

Pero fue en el periodo andalusí y posteriormente en el feudal cuando se consolidó el actual núcleo urbano del Calp, ubicado en tierra firme, al oeste del penyal. No obstante, los rasgos geográficos del promontorio y su localización estratégica propiciaron que los musulmanes construyeran un recinto amurallado en la vertiente norte del penyal. De él se conservan algunos restos. El topónimo Calp parece tener un origen fenicio; dicha voz, cuyo significado es el de fortificación natural, era utilizada para denominar a los grandes peñones costeros. Dada la necesidad de distinguir entre el peñón de Gibraltar y el de Calp le añadieron el término Ifach, cuyo significado es boreal o septentrional. Los piratas del norte de África azotaron la costa española especialmente durante los siglos XVI y XVII, con lo que el penyal fue utilizado como torre de observación para prevenir dichos ataques.

Este espacio singular ha albergado otras actividades humanas como son la extracción de roca calcárea, la ganadería y una pobre agricultura y la pesca. En los acantilados del penyal existieron unas curiosas instalaciones para la práctica de la pesca de especies de roca. Una se ubicaba en el Morret de Llebeig y la otra en el Barranquet. Ambas están en desuso, pero la pesca deportiva se practica en las rocas de la playa de Runa, de la Figuereta, de la Cala de Puça, en el cantal Pla y el Matxo.

La propiedad del penyal d’Ifac, que hasta mediados del siglo XIX había sido municipal, cambió tras impulsar el ayuntamiento su venta en 1862, dentro de la corriente privatizadora imperante en la época. Así, el penyal pasó a manos privadas. En 1915 fue adquirido por un propietario de Gandía, Vicente París Morlá, con el objeto de iniciar su explotación agroganadera. Con este fin se construyen dos edificaciones, además del camino de acceso desde la base y el camino que alcanza la cumbre, para lo cual se tuvo que realizar un túnel con el objeto de superar la pared de la cara norte y adecuar el camino con obra de piedra seca. En los años 50 del siglo XX el penyal d’Ifac fue vendido y sus nuevos propietarios iniciaron la construcción de un hotel en la zona denominada Miradores de Levante. Estas obras que nunca finalizaron, junto a otras actuaciones como la destrucción de cuevas marinas para la extracción de rocas, o la pista de acceso y helipuerto denominada hoy Passeig Ecològic, que desestabilizó las laderas y paisaje de las vertientes occidental y meridional, han ocasionado un notable impacto ambiental y paisajístico en el Parque.

Fue a partir de la segunda mitad del siglo XX cuando la actividad turística se convirtió en el factor clave, y en un problema velado, de la configuración del paisaje del penyal d’Ifac, de la población de Calp y de su entorno inmediato. La intensa urbanización del litoral, sin un planeamiento que regulara la construcción; la especulación, la afluencia de turistas cargados de divisas, procedentes de Europa, la generación de puestos de trabajo y de plazas e infraestructuras hoteleras han deteriorado profundamente la costa de la Marina y puesto en peligro los variados ecosistemas de este excelso enclave litoral.

La compra en 1985 de los terrenos del penyal d’Ifac por parte de la Generalitat Valenciana y su declaración en 1987 como Espacio Natural Protegido ha frenado, al menos temporalmente, el deterioro las 45 hectáreas del Parque, sitiado por aberrantes edificios que han fragmentado cualquier posibilidad de corredor ecológico entre el penyal y el estanque del Saladar. No obstante, se han llevado a cabo interesantes acciones de recuperación ambiental y de defensa de los valores naturales, culturales y paisajísticos del enclave. Además de la construcción de un centro de interpretación tras la demolición de las estructuras disonantes del hotel, se ha fomentado un turismo ecológico, cultural y deportivo (senderismo, escalada, submarinismo principalmente). Parte de los cantiles del penyal han sido equipados para la escalada deportiva, pero también para la clásica, convirtiéndose en reclamo de escaladores procedentes de toda Europa.

 

Jorge Hermosilla
Emilio Iranzo
Departament de Geografia
Universitat de València

Compartir:

Fotos

Calpe (foto Miguel Lorenzo).Penyal d’Ifach (foto Miguel Lorenzo).Vistas desde el Mirador Monte Toix (foto Miguel Lorenzo).Vistas desde el mirador de la Llorença en Benitaxell (foto Miguel Lorenzo).Vista aérea del Penyal d’Ifach (foto ESTEPA).Vista aérea del Penyal d’Ifach (foto ESTEPA).Vistas del Penyal d’Ifach desde el mirador de la Llorença en Benitatxell
(foto de Miguel Lorenzo).

Mapas

El pétreo y majestuoso promontorio montañoso que vigila las costas de Calp se alza vertical y aislado, unido a tierra firme por un tómbolo formado por la acumulación de materiales detríticos. Su posición y altura, 332 m elevándose sobre el mar, ha servido de guía o punto de referencia a los marinos del Mediterráneo, pero […]El pétreo y majestuoso promontorio montañoso que vigila las costas de Calp se alza vertical y aislado, unido a tierra firme por un tómbolo formado por la acumulación de materiales detríticos. Su posición y altura, 332 m elevándose sobre el mar, ha servido de guía o punto de referencia a los marinos del Mediterráneo, pero […]

Citas

Teodoro Llorente (1887). “Valencia, sus monumentos y artes, su naturaleza e historia”.

“La vista del Peñón de Hifac sorprende á todos: es un accidente orográfico muy notable. Intérnase en el mar una colina, unida á tierra solamente por una estrecha lengua, y de esa colina surge un colosal peñasco, de forma prismática, como un tosco sillar arrancado de una cantera. Por todas partes es inaccesible: para subir á él, hay que valerse de sogas, colgadas del borde superior, á la parte de tierra; sobre el agua, sus altísimos acantilados, donde anidan los halcones y las gaviotas, se elevan verticalmente hasta la cumbre.”

Azorín (1917).

[...] Desde lejos, al ir camino de Calpe, vemos erguirse el extraño y bello peñón de Ifach. Avanza en el mar una lengua de tierra; al final se levanta una especie de torre cuadrada o pilastra gigantesca. Tarea ardua el describir la coloración suave, en estas horas de la tarde declinante, del peñón de Ifach. Está teñido un rosa tenue, que a la vez es violeta desleído; acaso en el violeta y el rosa se mezcla un poco de oro. Y sin duda, a estos tres colores se añade un tantico de morado. La coloración sobre lo azul del mar, va cambiando imperceptiblemente de minuto en minuto [...]

Bibliografía

ALMERICH, J. M., CRUZ, J. y TORTOSA, P. (2003).

Espais Naturals del Litoral Valencià, Alzira, Edicions Bromera. 141 p.

BALLESTER, A. ET AL. (2003).

Parques Naturales de la Comunitat Valenciana, Barcelona, Lunwerg Editores.

FAUS, A. (1987).

“El Peñón de Ifach: un paisaje de vertientes”, en Cuadernos de Geografía nº 41, págs. 41-50.

MIRÓ, G. (1928).

Años y leguas, Madrid, Biblioteca Nueva.

SIMÓ, V. (1983).

La cultura del paisaje valenciano, Valencia, Academia de Cultura Valenciana. 167 p.