Paisajes habitados

El Periurbano de Alicante

Huerta y secanos transformados por el proceso urbanizador

Los alrededores de la ciudad de Alicante integran un espacio en transformación; antiguos campos de cultivo de secano y regadío que han ido perdiendo esta función en beneficio del continuo crecimiento de lo urbano. Territorio llano formado por glacis y terrenos de acumulación que está rodeado, sin embargo, por enérgicos relieves de formación alpina donde alternan calizas, margas y arcillas, y donde no faltan afloramientos triásicos que tiñen de rojo algunos sectores. Y todo ello salpicado de barrancos y ramblizos que aprovechan los esporádicos chaparrones para poder circular aguas por sus cauces, a veces de modo torrencial. La abundancia de sol y las temperaturas cálidas en verano y muy suaves en invierno constituyen un potencial para la actividad agraria, tan sólo limitada por la escasez natural de precipitaciones que se agrava, algunos años, con ocasión de sequías fuertes. La vegetación natural de estas tierras, adaptada a este complejo físico ecológico, abunda en matorral mediterráneo (palmito, lentisco, coscoja y, sobre todo, plantas aromáticas) siendo escaso el arbolado (pino carrasco).

Los alrededores de Alicante son salvajes y quebrados; las montañas son altas, escabrosas, desnudas y poco aptas para el cultivo; los valles son en su mayor parte pequeños, aunque extremadamente fértiles; el suelo es arenoso y presenta un lecho de arcilla y marga; la roca es generalmente calcárea. Abastece a la ciudad un valle que hay al norte, la Huerta, un rico y dilatado lugar que se extiende hacia el Este por espacio de una milla, aunque su mayor longitud la alcanza en direccion hacia el valle de Murcia.”
Joseph Townsend, Viaje por España en la época de Carlos III (1786-1787)

“Los cerros que empezamos a ver al salir de Villajoyosa y siguen hacia el sudeste y oeste por más de dos leguas son por lo regular de bancos calizos con varias inclinaciones y a veces de tierra y chinas íntimamente unidas. Los barrancos, con especialidad en el término de Alicante, indican que el suelo donde existen fue en otros siglos de diverso aspecto y naturaleza. Los altos ribazos que contiene al rio Monnegre en sus avenidas presentan capas de cantos redondeados que alternan con otras de marga, sirviendo a todas de cimiento otra muy gruesa de greda arenisca. Así pues parece que el suelo primitivo se hallaba muy hondo al retirarse el mar, y que se ha ido rellenando con las pérdidas de los montes, quedando allí mezclados los escombros que baixaron con las aguas. A esta misma causa debe su existencia buena porción del término de Alicante“
A. J. Cavanilles, Observaciones sobre la Historia Natural, Geografía, Agricultura, población y frutos del reyno de Valencia, Madrid.

El espacio periurbano de Alicante forma parte de la denominada comarca de L’Alacantí o Camp d’Alacant. No hay acuerdo sobre los municipios que forman esta unidad comarcal situada geográficamente en el centro de la provincia de Alicante y que encuentra hoy su razón de ser por razones funcionales –proximidad a la capital provincial- y menos por las socio-culturales –tradiciones- o económicas –agrícolas y comerciales- que le otorgaron personalidad propia y razón de ser en décadas y siglos pasados.

En este territorio se pueden apreciar dos áreas geográficas claramente diferenciadas: l’Horta d’Alacant que comprende el territorio ocupado por este antiguo espacio agrario que adquiere entidad con la construcción del pantano de Tibi a finales del siglo XVI. Dentro de esta unidad se integrarían los municipios de Alicante, Mutxamel, San Joan d’Alacant, San Vicent del Raspeig y Campello, todos ellos con espacios agrarios que tuvieron dinámica importante dentro de la huerta de Alicante hasta hace unas décadas. Y por otro lado, quedaría el espacio geográfico aledaño a la propia Huerta, el Camp d’Alacant propiamente dicho, esto es, el territorio que comprenden los municipios de Jijona, Agost, Busot, Aguas de Busot y Torremanzanas, todos ellos forman un área de transición –la histórica comarca de la Canal de Xixona- hacia las comarcas limítrofes por el norte y oeste con L’Alacantí. Algunos autores incluyen a Tibi dentro de esta unidad comarcal, al ser el municipio donde tiene su sede la pieza hidráulica que da sentido a l’Horta d’Alacant, aunque en puridad Tibi forma parte de una realidad geográfica diferente: la Hoya de Castalla.

Son escasos –prácticamente residuales– los testimonios de la existencia pujante de la antigua huerta, situada al noreste del municipio de Alicante. Realmente más que “huerta” es, en sentido estricto, un “campo regado”. Antiguo espacio agrario de secano, donde los cultivos debían adaptarse a las exigencias de un clima escaso en lluvias, vivió una transformación definitiva con la construcción del pantano de Tibi y la regulación de las aguas –nada abundantes– del río Montnegre.

El suelo, aunque sumamente árido y salitroso en los alrededores de la ciudad, donde solo crece la sosa, la pita, el nopal y algunas palmeras, es fertilísimo en la huerta que se estiende por la parte de levante, a poco mas de media legua, en un ancho territorio, cuya frondosa vegetación sorprende gratamente a cuantos tienen el gusto de visitarle.

En otro tiempo era un llano inculto y miserable, por carecer absolutamente de riego; pero después que sus habitantes consiguieron, a favor del pantano de Tibi, obra grandiosa en toda la estension de la palabra, conducir las aguas pluviales que se reúnen en gran cantidad en la confluencia de dos cerros llamados del Mos del Bou y la Cresta, llegaron a hacer de aquella vasta hondonada un bellísimo vergel, cuya extensión es de una legua por la parte de NE a SE y de legua y media por la del NO al SO, el cual contiene 30.675 tahullas de tierra de la mejor calidad y perfectamente cultivadas.
Nicasio Camilo Jover (1863), Reseña histórica de la Ciudad de Alicante, Alicante.

En efecto, a finales del siglo XVI los 336 hectolitros de hora y media de duración en que había sido dividido el caudal del Río Monnegre llegaron a ser insuficientes para la agricultura alicantina. Para remediar esta situación, la ciudad construyó a sus expensas un embalse entre los años 1580 y 1594. Fue levantado en el término municipal de Tibi, entre los cerros del Mos del Bou y la Cresta. Las obras siguieron el diseño elaborado por los arquitectos Jorge Fratin, Juan Bautista y Cristóbal Antonelli. La contrata del pantano fue adjudicada a los maestros Joan Torres, Gaspar Vicent y Gaspar Córdoba, quienes en 1594 habían alzado la pared hasta los 196 palmos. Por este motivo, la ciudad de Alicante quedó fuertemente endeudada, otorgando Felipe II en 1596 el beneficio de los diezmos obtenidos de las tierras novales regadas con el agua del pantano.

La construcción de la presa modificó radicalmente el sistema de riegos imperante hasta la fecha. Así, el caudal correspondiente al fluir natural del río siguió perteneciendo a los descendientes de los primitivos propietarios y pasó a denominarse “agua vieja”. El agua embalsada en el pantano fue igualmente fraccionada en 336 hectolitros de la Huerta a razón de un minuto por tahulla de tierra poseída.

Este agua era distribuida por medio de 11 acequias. Estas acequias atravesaban toda la Huerta Alicantina y se regían por un estricto cómputo horario, controlado por relojes de arena. Aunque sufrió una importante rotura en 1697, entró de nuevo en servicio en 1738. El Embalse de Tibi es el pantano funcional más antiguo de Europa, de ahí su declaración como Bien de Interés Cultural. Desde el pantano se conducen las aguas río abajo hacia las azudes de Muchamiel y San Juan donde se organiza la distribución de las aguas hacia los campos de cultivo a través de las acequias y canaletas. Se trata, junto al propio embalse de Tibi, de unas obras hidráulicas de bella factura que conforman un patrimonio hidráulico, muestra del afán constante del agricultor alicantino por dotar de agua a sus cultivos.

“Además de las aguas del pantano, también riegan con las azudes o presas de Muchamiel y San Juan, ambas construidas en el ancho cauce del rio Monegre”
Itinerario descriptivo de las provincias de España. Traducción libre del que publicó en frances Alexandro Laborde. Reino de Valencia. 1826

“ la Huerta está irrigada por el Pantano artificial de Tibi, y al este por la Azuda de San Juan de Muchamiel. Esta obra, como indica la palabra Sudd, es puramente árabe. Las compuertas son ingeniosas. Aquí la sucesión de cosechas no acaba nunca. No hay invierno. En este paraíso reina un verano constante de Ceres y Pomona, pero los alrededores inmediatos son áridos e improductivos, y la costa cenagosa hacia Cartagena produce fiebres y disentería. “
Richard Ford (1845), Manual para viajeros por los Reinos de Valencia y Murcia y lectores en casa.

“Los frutos de la huerta son excelentes, en especial las peras y los higos, de que hay muchas variedades. El suelo y clima hacen que en poco tiempo crezcan y fructifiquen toda especial de árboles”.
A. J. Cavanilles (1795-1797), Observaciones sobre la Historia Natural, Geografía, Agricultura, población y frutos del reyno de Valencia, Madrid.

Merced a la llegada de estas aguas la Huerta de Alicante conoció una etapa de esplendor durante la Edad Moderna y hasta comienzos del siglo XX. No sin que faltasen épocas de escasez motivadas por enfermedades y plagas y sobre todo secuencias de sequía que llegaban a desecar el propio embalse de Tibi. Los cultivos principales desarrollados en la Huerta de Alicante eran cereales, almendros, olivos, algarrobos y viñedo. En algunas fincas de la Huerta se fabricaban vinos de calidad, entre los que destacaba el famoso Fondillón, elaborado con la uva monastrell, que llegó a tener fama internacional. Así, el Duque de Saint-Simon relataba que el mismísimo “Rey Sol”, Luis XIV de Francia, en sus últimos días tomaba bizcochos mojados en Fondillón para satisfacer uno de sus hábitos más exquisitos. El alto flujo de exportación de estos vinos convirtió el puerto de Alicante en uno de los más prósperos del siglo XIX. Incluso Alejandro Dumas en su novela “El Conde de Montecristo”, relata como el conde ofreció al marqués de Cavalcanti elegir entre un Fondillón, un Oporto y un Jerez, quedándose el marqués con el vino alicantino.

“Para producir vino Fontillón, las uvas se ponen sobre elevadas estructuras de mimbre durante quince días a la influencia del sol y del aire para que la humedad sobrante se evapore. A continuación se prensan.”
Joseph Townsend, Viaje por España en la época de Carlos III (1786-1787).

En su conjunto la Huerta de Alicante ha tenido una ocupación humana muy antigua. Los restos más antiguos de organización social sobre este espacio encontrados se localizan en las proximidades del barranco de la Albufereta (barranco de Maldo). Se trata del yacimiento ibero-romano del Tossal de Manises donde se localiza la ciudad romana de Lucentum, topónimo donde encuentra sus raíces el nombre de la ciudad de Alicante. Se trata de una ubicación estratégica: cerca del mar, por donde se recibían buena parte de sus víveres y se exportaban las producciones y cosechas, cerca de un cauce, del que se aprovechaba su flujo subalveo y se plantaba cereal y arbolado en su lecho, pero en un cerro elevado para poder visualizar posibles invasiones y evitar las crecidas torrenciales del barranco de Maldo.

En el propio espacio ocupado con posterioridad por la Huerta se han encontrado restos de villas romanas cuyos restos hablan de una actividad agraria basada en el viñedo, olivo y el cereal. Por el contrario, no se han encontrado restos romanos en el propio casco urbano de la ciudad de Alicante, cuyos orígenes se encuentran en época árabe con la construcción de una medina situada en la falda del monte Benacantil. La ciudad recibirá el nombre de Al-Laqant.

(Sobre la ciudad de Alicante)
“está situada entre dos montañas a la entrada de una bahía y defendida por un castillo situado sobre una montaña de cal de 1000 pies de elevación el cual era muy fuerte en otro tiempo por su posición; pero no ha sido reparado de los descalabros que sufrió en las guerras de sucesión”
Itinerario descriptivo de las provincias de España.
Traducción libre del que publicó en frances Alexandro Laborde. Reino de Valencia. 1826

La conquista y repoblación cristiana de l’Alacantí se realizó entre los años 1245 y 1246 por catalanes y aragoneses, fundamentalmente. Según el Tratado de Almizra, acordado entre la Corona de Aragón y el Reino de Castilla en 1244, la Canal de Jijona pasaba al Reino de Valencia (el castillo de Jijona fue conquistado por las tropas de Jaime I de Aragón hacia 1245), mientras que la Huerta de Alicante pasaba a depender del Reino de Castilla, dentro del reino vasallo de Murcia, conquistando el infante Don Alfonso, luego Alfonso X, la ciudad de Alicante en 1246. La separación geográfica que tradicionalmente ha separado el valle de Jijona de la Huerta de Alicante forma parte de la línea fronteriza Biar-Busot estipulada en este tratado.

Cuando en 1490 Fernando II de Aragón, el Católico, otorgó el título de ciudad a la villa de Alicante, el Alacantí o Campo de Alicante estaba dividido en dos términos municipales: el de Alicante, en el que estaban incluidos los actuales municipios de San Juan, Muchamiel, San Vicente, Campello, Agost, Busot y Aguas, y el de Jijona, que incluía a Torremanzanas. La configuración administrativa que hoy conocemos es el resultado de un proceso segregacionista que afectó tanto al primitivo municipio de Alicante como al de Jijona.

La vida en los alrededores de la ciudad de Alicante, durante la Edad Moderna, estuvo marcada por la creación del campo regado (Huerta) de Alicante, tras la construcción del embalse de Tibi, pero también por el desarrollo de incursiones de piratas berberiscos en las costas mediterráneas que comenzaron a hacerse frecuentes. La huerta de Alicante, recibió el mayor número de dichos ataques. El poblamiento en la Huerta durante la edad moderna muestra una importante densidad tanto concentrada en las aldeas como dispersas por diferentes partidas rurales. Su proximidad a la costa, la riqueza económica de la zona y las facilidades que el litoral ofrecía a los corsarios para atacar, ocasionó que fuese un espacio repetidamente saqueado. Para evitar los efectos de estas razias se construyen a partir de entonces un conjunto de fortificaciones que han llegado, aunque en un estado precario de conservación, hasta nuestros días. La distancia que las separa suele ser de unos 300-500 metros, creándose una red visual entre ellas. Son las denominadas casas con torre o Torres de la Huerta, que han podido mantenerse en pie hasta la actualidad merced a su declaración como Bien de Interés Cultural. No obstante, la fiebre urbanizadora que ha terminado por dejar en agónico estado el espacio de la antigua Huerta de Alicante, ha dado como resultado que algunas de estas torres, han quedado encerradas en el interior de urbanizaciones residenciales o se han convertido en espacios de ocio.

La huerta vivió una época dorada a lo largo del siglo XVIII, en estrecha relación con el auge comercial del puerto de Alicante que se convierte en un vía fundamental de entrada y salida de mercancías, no sólo de la meseta con el resto de Europa, sino de las propias producciones de la Huerta hacia el exterior.

Un hito importante para la supervivencia de la Huerta de Alicante, tras las crisis agrarias de los siglos XIX y comienzos del siglo XX (sequías intensas, filoxera) sería la llegada de las aguas del valle del Vinalopó, de los acuíferos de Villena al campo de Alicante. Tras reiterados proyectos de traer aguas al campo alicantino (Júcar, Algar-Guadalest), finalmente la traída de aguas de Villena fue realidad en 1910. Unos años antes se había constituido la Sociedad del Canal de La Huerta de Alicante con un capital social de dos millones de pesetas, dividido en cuatro mil acciones de 500 ptas. con el objeto de adquirir 150 litros por segundo de los registros mineros existentes en la partida villenense del Zaricejo, y se iniciaron las obras de construcción de un canal de 56 km. de longitud y 500 litros de cabida con el objeto de encauzar esas aguas y otras que se pudieran comprar en el futuro para regar los olivos, árboles frutales, hortalizas, legumbres, cereales y plantas forrajeras principalmente que se cultivaban en la huerta así como los jardines de sus fincas. Esta Sociedad ha cumplido los cien años de existencia y, pese a que los vestigios de la antigua Huerta de Alicante son escasísimos, sigue funcionando y repartiendo las aguas subterráneas procedentes del alto vinalopó.

“Quien ignore ser suma la escasez de agua en aquella parte del reyno, y que a veces un solo riesgo basta para asegurar y aumentar las cosechas, extrañará ver salir los labradores hacia sus haciendas quando empieza a tronar, o amenaza alguna tempestad: los truenos que en otras partes sirven de señal para retirarse a sus habitaciones, lo son aquí para desampararlas y salir en busca de las aguas y deseado riego”.
A. J. Cavanilles (1795-1797), Observaciones sobre la Historia Natural, Geografía, Agricultura, población y frutos del reyno de Valencia, Madrid.

En el espacio del campo de Alicante ajeno a la huerta el paisaje agrario está dominado por secanos arbolados (almendros, olivos, algarrobo). No resulta extraño encontrar acequias y canaletas que tiene su origen en tradicionales riegos de turbias (boqueras), donde los agricultores aprovechaban el agua de lluvia intensa para poder regar sus cultivos. Se conservan restos de presas, boqueras y acequias sobre los barrancos de Agost, Busot, Mutxamel.

Son escasos, muy escasos los restos de campos visibles todavía cultivados de la antigua Huerta de Alicante. El crecimiento urbano de los municipios de Alicante, San Juan, Mutxamel y Campello durante los últimos veinte años ha ido reduciendo de forma continua este espacio agrario y transformando lo que eran parcelas de almendros, olivos y algarrobos en urbanizaciones residenciales de baja densidad. Y los futuros planes urbanísticos de estas localidades, especialmente en Alicante, amenaza con destruir los pocos campos abandonados de la Huerta de Alicante existentes. De las 3.500 ha de Huerta que menciona Figueras Pacheco en 1908 apenas quedan unas 1.000 ha., en lo que fue el espacio tradicional de la Huerta alicantina, que siguen pagando derechos de agua de riego. No obstante, en la actualidad se estarían regando unas 3.000 ha., si bien de no integradas en el territorio histórico de la Huerta de Alicante. Se ha producido, en efecto, un fenómeno interesante en las dos últimas décadas: como la presión urbanística ha afectado especialmente al área central de la antigua Huerta, las áreas agrícolas en valor se han desplazado hacia sus bordes (Mutxamel, Campello, Busot) produciéndose asimismo una especialidad productiva hacia cultivos hortícolas de ciclo manipulado que han transformado el paisaje agrario de estos sectores hoy ocupado por modernos invernaderos especializados en la producción de tomate de invierno.

Cada año, quince días después del jueves santo, se celebra la conocida romería de la Santa Faz, en la que buena parte de las poblaciones de la antiguo Huerta de Alicante realizan una peregrinación al monasterio situado en la pedanía de la Santa Faz, situada entre los municipios de Alicante y Sant Joan, recordando la rogativa pro pluviam celebrada en 1489 y que dio origen a esta jornada de convivencia festiva en la actualidad. Los campos abandonados de la Huerta sirven de improvisado merendero para los romeros que deciden participar de esta tradición popular.

“En épocas de calamidad general, cuando la peste o el hambre afectan no sólo los individuos, sino a toda la comunidad, y los protectores habituales no escuchan sus plegarias o no pueden ayudarles, se realizan procesiones públicas y se exhibe la Santísima Faz. Esta reliquia sagrada, al igual que su rival, el Santísimo Sudario que guarda la catedral de Oviedo, junco con otros valiosos tesoros, es una reproducción exacta de la cara del Redentor, que Él mismo dejó impresa en el paño de la Verónica…Últimamente no ha dejado pruebas auténticas de su eficacia contra la peste o el hambre; pero inmediatamente después de que en 1489 fuera llevada en procesión a raíz de una prolongada sequía, las refrescantes lluvias hicieron acto de presencia; y desde entonces ha sido considerada como el tesoro más rico de la Huerta”.
Joseph Townsend, Viaje por España en la época de Carlos III (1786-1787).

 

Jorge Olcina
Departamento de Análisis Geográfico Regional y Geografía Física, Instituto Interuniversitario Geografía
Universidad de Alicante

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Fotos

La Albufereta desde la playa del Postiguet (foto Miguel Lorenzo).Huerta en Mutxamel (foto Miguel Lorenzo).Urbanización Bonalba (foto Miguel Lorenzo).Urbanización Bonalba (foto Miguel Lorenzo).Urbanización Bonalba (foto Miguel Lorenzo).Urbanización Bonalba (foto Miguel Lorenzo).Huertas en Mutxamel (foto Miguel Lorenzo).Huerta en Mutxamel (foto Miguel Lorenzo).La Albufereta y el cabo de las Huertas desde la playa del Postiguet (foto Miguel Lorenzo).

Mapas

Los alrededores de la ciudad de Alicante integran un espacio en transformación; antiguos campos de cultivo de secano y regadío que han ido perdiendo esta función en beneficio del continuo crecimiento de lo urbano. Territorio llano formado por glacis y terrenos de acumulación que está rodeado, sin embargo, por enérgicos relieves de formación alpina donde […]Los alrededores de la ciudad de Alicante integran un espacio en transformación; antiguos campos de cultivo de secano y regadío que han ido perdiendo esta función en beneficio del continuo crecimiento de lo urbano. Territorio llano formado por glacis y terrenos de acumulación que está rodeado, sin embargo, por enérgicos relieves de formación alpina donde […]

Citas

Joseph Townsend. Viaje por España en la época de Carlos III (1786-1787).

“Los alrededores de Alicante son salvajes y quebrados; las montañas son altas, escabrosas, desnudas y poco aptas para el cultivo; los valles son en su mayor parte pequeños, aunque extremadamente fértiles; el suelo es arenoso y presenta un lecho de arcilla y marga; la roca es generalmente calcárea. Abastece a la ciudad un valle que hay al norte, la Huerta, un rico y dilatado lugar que se extiende hacia el Este por espacio de una milla, aunque su mayor longitud la alcanza en dirección hacia el valle de Murcia.”

Pascual Madoz (1849). Diccionario Geográfico-Estadístico-Historico. Alicante.

“El terreno inmediato a la ciudad es desigual y bastante árido, aunque hay algunos huertos: peso a distancia de ½ hora se ven tierras feraces y bien cultivadas, cubiertas de sembrados y con muchos árboles de diferentes clases: todas son de secano menos por el lado del NE donde se encuentra la huerta, la cual consiste en una hondonada de 11/2 leg. de NO a SE y 1 de NE a SO de extensión: comprende 30.675 tahullas de muy buena calidad, laboreadas con inteligencia especialmente la parte destinada a viñedo: todo es un hermoso vergel al cual dan el aspecto mas delicioso y pintoresco no solo la situación del terreno sino tambien la variedad de odoríferas plantas y el crecido numero de quintas con sus jardines y huertas, todas muy cómodas y muchas de ellas magníficas.”

A. J. Cavanilles (1795-1797). Observaciones sobre la Historia Natural, Geografía, Agricultura, población y frutos del reyno de Valencia, Madrid.

“La variedad de verdes que resulta de los diferentes árboles y plantas, el ancho mar que le cae al sudeste y comunica al ayre frescura y movimiento, el cielo puro y despejado hace recomendable aquel recinto, testimonio nada equivoco de la industria, conocimiento agrario y aplicación de la gente.”

A. J. Cavanilles (1795-1797). Observaciones sobre la Historia Natural, Geografía, Agricultura, población y frutos del reyno de Valencia, Madrid.

“El término de Alicante tiene tres leguas de oriente a poniente, y cinco y media de norte a sur desde el barranco de la Alcantarilla junto a Villajoyosa hasta la torre de la Aygua amarga en los confines del término de Elche, lindando desde aquí hacia el norte con los de Monforte, Agost, Busot y Villajoyosa. Cercado por todas partes, excepto la oriental, de montes o de cerros que se internan hacia el mar, presenta un suelo desigual, árido y en partes estéril: lo mas precioso y útil es la huerta, situada casi en el centro a media legua de la ciudad, quedando en este trecho a la orilla del mar los montes de San Julian, Molinet y del Castillo, y una hora al sudueste de la ciudad otro llamado Fontcalenta. Todos son calizos, y en el último hay mármoles negros veteados de blanco, especialmente en la cumbre, que negrea por el color de las peñas.“

Bibliografía